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Él es Daniel, un pequeño muy especial...

Son las cinco de la mañana y el frío empieza a sentirse con más fuerza. Me encuentro con Daniel –cuyo nombre real es Gilberto Marcial Pantaleón- esperando al señor que diariamente le reparte los periódicos que en una esquina de Plaza de las Américas todos los días vende para poder ganar algo de dinero y ayudar al sostén de su familia, la cuál trabaja en lo mismo.

Daniel es uno de tantos niños que trabaja en la calle, realizando diversas actividades. El nació en Santiago Mexquititlán, en el municipio de Amealco y como muchos otros emigró de su lugar de origen con su familia, esperando encontrar mejores opciones de trabajo y una mejor vida; lo cual en muchos casos no es así, ya que al menos en el rancho (como ellos lo llaman) se puede tener animales y hay más lugares para jugar, comenta otro niño que empieza a recibir su dotación de periódicos.

Finalmente nos toca nuestro turno. Insisto en ayudarle a Daniel, que aunque tiene nueve años, la baja estatura que tiene no lo hacen aparentar mas de siete años. El rechaza mi oferta y me dice que el lo hace solo todos los días. De esta manera empieza a caminar hacia la avenida donde, en cada alto, intentara mezclarse entre los automóviles para ofrecer su variada mercancía: Diario de Querétaro, A.M., El corregidor y el Noticias. Si hoy tenemos buena suerte venderemos los 70 periódicos que nos tocan y sacaran, entre toda la familia, una ganancia de 300 pesos aproximadamente; lo cuál no esta mal para una jornada que empezó a las tres de la mañana – al menos para Daniel- y terminara a las doce del día. Dany, como le dicen algunos de sus amigos, ayuda a su familia por solidaridad y recibe como recompensa 50 pesos diarios que le da su papa después de que el le entrega todo el dinero que gano; Daniel dice que quiere mucho a su papi y que por eso disfruta ayudarlo.

Daniel utiliza sus 50 pesos para jugar en las “maquinitas” y para comprar alguna que otra cosa para comer. Pero no todo es trabajo en el día del pequeño Otomí, ya que al llegar la tarde se dirige a la escuela, en donde dice tener muchos amigos y puede jugar al mismo tiempo que va aprendiendo. Este lugar es parte de la Institución de Asistencia Privada T.E.P.E. y en ella Dany está aprendiendo entre otras cosas a leer y a escribir. Lo que más le gusta hacer es jugar en las computadoras; les ha tomado gusto y poco a poco ha logrado conocerlas. En ellas ha aprendido a usar el “mouse”, el teclado, conocer las primeras letras y los colores. Otra cosa que le gusta mucho son los rompecabezas y las matemáticas -él es el mejor del salón pues ha aprendido con su trabajo diario a contar, restar y sumar-. Esta escuela no es como las demás, es un Centro de Día, en donde varios niños como el protagonista de nuestro relato pueden en cierta manera, dejar un poco de lado las preocupaciones de tener que ganar el dinero para poder seguir sobreviviendo, y poder aunque sea por unos minutos dar rienda suelta a ese niño, que aunque en otra circunstancias, son en realidad…

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