Testimonios
María Juana Herrera Ayala
Hola, estoy sirviendo en el Centro de Día TEPE y quiero comentarles que servir en este lugar es una experiencia gratificante; aquí percibes vida, alegría, cordialidad, entusiasmo y confianza. Se siente el poder de Dios y Su presencia.
Quieres volver para llenarte de lo que hay ahí y le das gracias al Señor, nuestro Dios, por traerte aquí.
TEPE es una gran familia y pertenecer a ella es una bendición. Felicidades a todos los que hacen posible que TEPE exista, bendiciones para todos.
Belia Méndez
“Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra. Servid al Señor con alegría” Salmo 110:1
Cuando el Señor guió mis pasos hacia el Centro de Día, trató conmigo para servir con alegría, entusiasmo y dedicación. Porque al conocer la condición de todos los niños de este lugar se da uno cuenta de que les falta cariño, amor y sobre todo paciencia hacia ellos, porque al principio de estar con ellos eran muy rebeldes; sin embargo he visto como han ido cambiando poco a poco.
Ahora hasta en el periódico mural ponen sus agradecimientos por los alimentos que les preparo y eso me llena de alegría. Es un gran privilegio y una gran bendición poder servir a Dios por medio de estos niños. En lo personal me guarda, me fortalece, no me desampara y lo principal es que recibo grandes bendiciones que son al 100% en todos los aspectos de mi vida y con alegría sirvo al Señor.
Ana Lilia García Pérez
Quisiera compartirles que durante un tiempo sentí una necesidad muy grande de servir; al pasar varias veces por la calle de Corregidora veo el anuncio Centro de Día y entra en mi una gran inquietud pensando “a mi me gustaría servir ahí”.
¿Cuántas veces pasé? No lo sé. Fue hasta el lunes 26 de Enero del 2009 que decido tocar la puerta y me abrieron no solo la puerta del Centro de Día, sino también los corazones y buenas voluntades de todos los que ahí sirven y trabajan y de los niños. Ese mismo día empecé a servir y he tenido un tiempo lleno de bendiciones, amor, cariño; me han hecho sentir valorada, importante y sobre todo parte de lo que Dios hace.
Mi vida ha cambiado, trato de dar lo mejor que tengo, ser útil, amar a los niños. Le doy gracias a Dios por guiar mis pasos al albergue.